Quizás no he estado cuando más tu ser ha aclamado de
la compañía de alguien; quizás el más ausente fue el abrazo cálido que siempre
has deseado; quizás nunca he puesto a prueba lo que siento ni he logrado
alcanzar jamás una estrella. Quizás no soy el indicado, quizás solo lo seré en
el más remoto sueño. Quizás todas las palabras que alguna vez te he querido
decir no han logrado la señal de salida. Quizás en tus ojos jamás encontraré
una respuesta.
Quizás el cielo sea más inmenso que lo que siento
y si la vida fuera un desafío, mi ser
estaría completamente dichoso de superarlo junto a ti. Quizás solo la luna
comprenda lo que un ser solitario siente cuando ve los ojos de quien ama partir
sin detenerse un momento a notar que alrededor hay un corazón que solo pide un
poco, que nunca ha previsto que ese mismo corazón solo aclama un poco de sí,
con la ilusión de un incansable soñador, con la fuerza del más grande luchador,
con la convicción de quien nunca se detiene.
Quizás un beso tuyo lo pueda sanar todo, quizás el
sufrimiento se convierta en infinita felicidad, quizás haya valido haber
esperado en silencio: el más sublime silencio ¿Por qué no soñar?
He estado notando que pido demasiado, que soy un
cobarde, que no estoy dispuesto a lanzarme al amor. También he logrado entender
que sentir un mundo y demostrar muy poco es un laberinto sin salida, un camino
en desesperanza, que solo te topa con lo que nunca quisieras descubrir.
Quizás nunca me des un beso, quizás nunca pueda
recostarme de tu lado, quizás nunca estarás cuando lo desee junto a mí ¿Qué
apostarías por esta alma fuerte que hoy llora, que hoy contiene su ser de
salir, abrazarte y gritarle al mundo lo que ha estado esperando, lo que he
estado sintiendo y sobre todo, lo que estaría dispuesto a entregar.
En estos días mi mente ha divagado sobre el más
grande misterio en dieciocho años: ¿Qué es lo que esconden los ojos más
hermosos que he visto jamás? Qué especie de brillo me ha hecho perder la
cordura, me ha roto en pedazos, me ha hecho soñar día y noche, ese brillo que
ha puesto a prueba mi fuerza, mi resistencia y mi voluntad. ¿Soy valiente o soy
cobarde? Cobarde por no mostrarte que me muero por ser parte de tu vida, ¿o valiente por no dejar que una
emoción me arrastre? Creo que hoy me arrastraría, hoy llegaría a no
reconocerme, hoy desecharía cada visión que tengo de mí mismo, hoy construiría
para ti el más grande imperio donde procuraría todo para ti, estando al alcance
de la felicidad que todos buscamos.
Sería tan hermoso darte amor; caminar por la vida
como quien vive para ser feliz y no para agradar a los demás. Sería tan hermoso
contarte de todos y cada uno de mis sueños, de lo que ocupa mi mente, lo que me
hace continuar, lo que me hace indestructible e inmensamente poderoso: lo que
me hace más fuerte.
Sería tan hermoso cantar para ti. Si estuvieras aquí
entenderías que en la música hay una
hermosa forma de amar; si estuvieras aquí,
junto a mí, sólo viviría para procurarte bienestar y armonía, para que
jamás sientas culpa de mostrar quien eres, para que jamás renuncies a ser quien
siempre has querido ser. Te ayudaría a
alcanzar la más alta estrella, le entregaría al mundo lo mejor de los dos,
creando libertad y destruyendo perjuicio. Simplemente amando, más allá de todo.
La palabra felicidad alcanzaría una dimensión cual
eterno camino de búsqueda interior, de conformidad con quienes somos, de no
querer jamás parecer algo más, de vivir con la resolución de continuar, de
nunca desfallecer. Nuestro fuego alcanzaría la más alta intensidad: el fuego
que quemaría y nos iría curando con excesiva fuerza.
No sé con quién estás, no sé qué espera tu corazón
de una persona, todo se me escapa, solo llego a la nebulosa conclusión que
quizás no soy el cielo que anhelas habitar.
Aquí todo sigue como siempre. Bueno, no como
siempre, porque el tiempo parece más lento, como si besarte fuera la ilusión en
la que me anclaría a la vida. Siempre he sabido que si no amas con la mente,
que si solo amas con el cuerpo la ilusión se vuelve superflua. No se de qué
forma te amo. No sé qué es amor, sólo sé que hoy habitas en mi sueño, el sueño
más sublime, el sueño más real, en el que te siento, en el que te confío mi
mundo, en el que soy el mejor apoyo que te haría mover el universo. Hoy caigo
nuevamente, hoy la promesa de amar se mueve en direcciones yuxtapuestas: la
cobardía de jamás contarte lo que he sentido de un lado, y el impulso de
sentirme valiente como nunca, de correr y tomarte en mis brazos, de sentirte,
de jamás soltarte, como la mayor prueba de valentía, del otro.
Sé que seguirás justo ahí, tan cerca físicamente,
pero para mí, de la forma en la que amaría estarlo de ti, tan lejos. Aunque
sepa que estaré tan cerca, pretendiendo que tu corazón algún día pueda seguir
mis pasos: que algún día tu alma me pueda abrir las puertas, y acariciar el
triunfo de amar. Pero hoy solo el dolor consuela, ¿por qué no simplemente
acepto que he perdido, que esperaré muy en vano tu llegar? ¿Por qué me sonríes
si sabes que al llegar la noche y al estar sólo ese recuerdo no me dará alivio?
Solo el temor habita hoy. Hoy la valentía se ha
marchado, hoy el avasallante poder de un alma inquebrantable se ha
resquebrajado, hoy mis razones no
constituyen nada, ¿qué podría hacer la razón frente al inmenso y complejo mundo
de las sensaciones?
Es la sensación de querer que el segundo en que me
aferro a tu mirada sea eterno, es el deseo de anclar en un pequeño instante y
detenerlo todo, es nunca querer despertar del más sublime sueño, es creerte
afortunado: el ser más dichoso y pleno. Es confiarle al cielo la grandeza de lo
que sientes, de pensar que todo es tan irreal, que no concebirías una vida sin
un ansiado abrazo de quien amas, uno que rompa las cadenas de un corazón
aprisionado, de un corazón en gris, un caparazón que ha sentido necesidad de
romperse: al que el azar ha lanzado en sí una hermosa ilusión. La profunda
soledad que hayas experimentado no tendría nada que hacer en los momentos en
que sientas depositar todo tu amor en un alma igual a la tuya, en un ser en el
que te identificas completamente.
Hoy no necesito palabras, hoy solo necesito un
abrazo sin culpa, uno que me transmita tu deseo de ser libre, que no conozca de
miedo ni prejuicio, pudiendo tu calor penetrar en mis fibras, quemando mis
huesos, dándome un rotundo sí que me permita amar, un sí que me haga suspirar
día y noche, que me haga creer nuevamente, haciendo que la noche nunca termine
siendo el tiempo nuestro aliado. Que no me preguntes por heridas, que solo me
sientas, tanto como yo a ti, que camines de mi lado, que me beses, me beses y
me beses.
Que puedan vernos y digan: hoy ellos caminan por
encima de los miedos y de los prejuicios; hoy no quieren despertar del sueño,
hoy sus almas se conjugan, hoy su amor toca la más increíble y sublime melodía.
Hoy esa canción de dos vidas que creyeron estar perdidas se encontraron, hoy la
búsqueda se terminó.
Si supieras que eres más que una hermosa casualidad,
que eres más que una fuente de felicidad, que eres más que un inmenso ser humano.
Si supieras que un corazón como el mío estaría dichoso de compartir contigo
toda una vida, de saciar esto que grita adentro, que en este tiempo sólo sabe
cantar; que está anclado a una ilusión: a un sueño. Un corazón que no conoce de
la tristeza más allá de la que trae consigo el amor. Hoy quisiera tocarte,
palparte, construir un imperio de amor, bordar tu piel con amor.
Solo un poco de amor pido, solo eso he deseado. Hoy
te quiero por ser quien eres, porque eres el reflejo que me devuelve a lo que
soy, porque me muestra lo que amo en un ser humano, lo que puedo admirar y de
lo que puedo estar orgulloso.
Yo jamás temería a caer porque estaría confiado de
que tu fuerte brazo estaría ahí para socorrerme, que tu inmenso amor abarcaría
y llenaría mis más increíbles expectativas, que vivirías para amarme tal como
yo lo haría.
Ayúdame, decepcióname, rómpeme, hazme encontrar rápidamente
con la desesperanza; quizás así sería más fácil, quizás así sería un poco más
aceptable la derrota, quizás así albergaría con más ansia la opción de
renunciar. Pero nunca lo harías, eres una maravilla que se deslumbra ante mis
ojos, que con el mas incandescente brillo va bloqueando cada deseo, cada ansia
de consumirme en ellos, de esperar en a ti, de contarte como alguien se aferra
a su intuición, como alguien sintió morir al no saber cómo interpretar esa
mirada que me ha hecho feliz, esa sonrisa que no dejaría campo a dudas: dos
luceros que pudieran ser capaz de decírmelo todo. Quizás solo fue mi corazón
disparatado y de rebeldes anhelos, como siempre. Uno que no teme de encarar al
mundo, de afrontar los sentimientos como vayan brotando.
Hoy me atrapa y me aniquila la melancolía, hoy
vuelven los inolvidables días en donde me sentía seguro de que cedería a este
poderoso sentimiento, que me entregaría y le daría rienda suelto a lo que grita
por salir y hallar correspondencia: tu sí.
La vida está llena de sorpresas, nunca sabes cuándo
puede estallar la dinamita del amor, y ahí es donde no sientes tener lugar a
dudas, que confías tu anhelo de ser feliz a alguien, que pretendes tocar la
puerta que no siempre se abre y te deja en situación de un loco hablándole cada
noche a la luna. Crece un miedo a la soledad, aun conociendo el preciado valor
de la soledad y la búsqueda en ti mismo.
Así como el amor puede llegar, el amor se puede
marchar, se puede alejar hasta que no puedas alcanzar a vislumbrarlo, donde
solo sueñes con su regreso, donde el tiempo no sea precisamente tu mejor
aliado. Allí surgen dudas que rompe el alma en pedazos; sí, la misma alma que
juró ser inquebrantable, hoy se arrodilla ante el amor:
-No naciste
para arrastrarte- te dice tu más profunda razón. –"Lo que se hace por amor
está más allá del bien y del mal" te dice Nietzsche. Y es increíble que la
misma persona que te invita a creer en ti y a jamás rendirte, a amarte sobre
todas las cosas, a superarte y a sobreponerte ante cualquier obstáculo o
barrera que te aleje de tu más sublime sueño, también acepte que el amor donde
llega deja estragos. Estragos en el sentido de la fuerza con que llega y la
rapidez con la que muchas veces se va. ¿Quién creería en ese inexplicable
sinsabor? El fuego que puede llegar a quemarte el alma, también puede congelar
y puede llegar a quebrarte el corazón.
No creeré que podré estar junto a ti porque sería
lacerante para este corazón que solo ha querido con una ilusión sublime, nada
tan grande como para sentirse orgulloso, ni tan pequeña como para avergonzarse.
Todo lo contrario, hoy soy libre, hoy cuento lo que me ha pasado ordenando
palabras que vienen a mi mente en ráfagas descontroladas.
Con mucho cuidado me encargaré de soltar, de dejar
ir, de renunciar, no me aferraré porque no serviría de nada.
¡ERES TAN ESPECIAL! Y con esta mezcla de resignación
leo lo que escribo, lo que no quiero aceptar, pero estoy intentando recordar
que tomaré un camino distinto, que no buscaré caminar junto a ti, que este
corazón que anheló unirse junto al tuyo hoy le dice no a la esperanza de amar.
Hoy vuelve la tranquilidad. Hoy ya no le pediré al cielo otra de esas miradas
que me han alimentado el alma, hoy aceptaré la derrota como parte de la vida.
Hoy te siento aun mas, hoy estoy perdiendo a la que se había convertido en mi
mejor amiga: la ilusión de llegar a abrazarme, besarte, hacerte el amor, vivir
para ti, crecer junto a ti, mejorar el mundo, caminar de la mano, habitar
cientos de sublimes mundos que sólo la ilusión del amor podría crear.
Sólo un poco de ti era lo que necesitaba. Sólo un
poco de mí es lo que necesito para renunciar, para aceptar las circunstancias
como se han dado. Hoy soñé y volé. Admito que una ilusión de amar a alguien es
capaz de alimentarte el alma de manera increíble, de hacerte volar sin alas,
pero esa misma ilusión te destruye, te resume a polvo, te arrastra.
Ha llegado la noche y con ella la resolución: hoy
debo irme, hoy te estoy diciendo adiós.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario