martes, 26 de mayo de 2015

La noche

Quizás no he estado cuando más tu ser ha aclamado de la compañía de alguien; quizás el más ausente fue el abrazo cálido que siempre has deseado; quizás nunca he puesto a prueba lo que siento ni he logrado alcanzar jamás una estrella. Quizás no soy el indicado, quizás solo lo seré en el más remoto sueño. Quizás todas las palabras que alguna vez te he querido decir no han logrado la señal de salida. Quizás en tus ojos jamás encontraré una respuesta.

Quizás el cielo sea más inmenso que lo que siento y  si la vida fuera un desafío, mi ser estaría completamente dichoso de superarlo junto a ti. Quizás solo la luna comprenda lo que un ser solitario siente cuando ve los ojos de quien ama partir sin detenerse un momento a notar que alrededor hay un corazón que solo pide un poco, que nunca ha previsto que ese mismo corazón solo aclama un poco de sí, con la ilusión de un incansable soñador, con la fuerza del más grande luchador, con la convicción de quien nunca se detiene.

Quizás un beso tuyo lo pueda sanar todo, quizás el sufrimiento se convierta en infinita felicidad, quizás haya valido haber esperado en silencio: el más sublime silencio ¿Por qué no soñar?

He estado notando que pido demasiado, que soy un cobarde, que no estoy dispuesto a lanzarme al amor. También he logrado entender que sentir un mundo y demostrar muy poco es un laberinto sin salida, un camino en desesperanza, que solo te topa con lo que nunca quisieras descubrir.

Quizás nunca me des un beso, quizás nunca pueda recostarme de tu lado, quizás nunca estarás cuando lo desee junto a mí ¿Qué apostarías por esta alma fuerte que hoy llora, que hoy contiene su ser de salir, abrazarte y gritarle al mundo lo que ha estado esperando, lo que he estado sintiendo y sobre todo, lo que estaría dispuesto a entregar.

En estos días mi mente ha divagado sobre el más grande misterio en dieciocho años: ¿Qué es lo que esconden los ojos más hermosos que he visto jamás? Qué especie de brillo me ha hecho perder la cordura, me ha roto en pedazos, me ha hecho soñar día y noche, ese brillo que ha puesto a prueba mi fuerza, mi resistencia y mi voluntad. ¿Soy valiente o soy cobarde? Cobarde por no mostrarte que me muero por ser parte de tu  vida, ¿o valiente por no dejar que una emoción me arrastre? Creo que hoy me arrastraría, hoy llegaría a no reconocerme, hoy desecharía cada visión que tengo de mí mismo, hoy construiría para ti el más grande imperio donde procuraría todo para ti, estando al alcance de la felicidad que todos buscamos.

Sería tan hermoso darte amor; caminar por la vida como quien vive para ser feliz y no para agradar a los demás. Sería tan hermoso contarte de todos y cada uno de mis sueños, de lo que ocupa mi mente, lo que me hace continuar, lo que me hace indestructible e inmensamente poderoso: lo que me hace más fuerte.

Sería tan hermoso cantar para ti. Si estuvieras aquí entenderías que  en la música hay una hermosa forma de amar; si estuvieras aquí,  junto a mí, sólo viviría para procurarte bienestar y armonía, para que jamás sientas culpa de mostrar quien eres, para que jamás renuncies a ser quien siempre has querido ser. Te ayudaría  a alcanzar la más alta estrella, le entregaría al mundo lo mejor de los dos, creando libertad y destruyendo perjuicio. Simplemente amando, más allá de todo.

La palabra felicidad alcanzaría una dimensión cual eterno camino de búsqueda interior, de conformidad con quienes somos, de no querer jamás parecer algo más, de vivir con la resolución de continuar, de nunca desfallecer. Nuestro fuego alcanzaría la más alta intensidad: el fuego que quemaría y nos iría curando con excesiva fuerza.

No sé con quién estás, no sé qué espera tu corazón de una persona, todo se me escapa, solo llego a la nebulosa conclusión que quizás no soy el cielo que anhelas habitar.

Aquí todo sigue como siempre. Bueno, no como siempre, porque el tiempo parece más lento, como si besarte fuera la ilusión en la que me anclaría a la vida. Siempre he sabido que si no amas con la mente, que si solo amas con el cuerpo la ilusión se vuelve superflua. No se de qué forma te amo. No sé qué es amor, sólo sé que hoy habitas en mi sueño, el sueño más sublime, el sueño más real, en el que te siento, en el que te confío mi mundo, en el que soy el mejor apoyo que te haría mover el universo. Hoy caigo nuevamente, hoy la promesa de amar se mueve en direcciones yuxtapuestas: la cobardía de jamás contarte lo que he sentido de un lado, y el impulso de sentirme valiente como nunca, de correr y tomarte en mis brazos, de sentirte, de jamás soltarte, como la mayor prueba de valentía, del otro.

Sé que seguirás justo ahí, tan cerca físicamente, pero para mí, de la forma en la que amaría estarlo de ti, tan lejos. Aunque sepa que estaré tan cerca, pretendiendo que tu corazón algún día pueda seguir mis pasos: que algún día tu alma me pueda abrir las puertas, y acariciar el triunfo de amar. Pero hoy solo el dolor consuela, ¿por qué no simplemente acepto que he perdido, que esperaré muy en vano tu llegar? ¿Por qué me sonríes si sabes que al llegar la noche y al estar sólo ese recuerdo no me dará alivio?

Solo el temor habita hoy. Hoy la valentía se ha marchado, hoy el avasallante poder de un alma inquebrantable se ha resquebrajado, hoy mis  razones no constituyen nada, ¿qué podría hacer la razón frente al inmenso y complejo mundo de las sensaciones?

Es la sensación de querer que el segundo en que me aferro a tu mirada sea eterno, es el deseo de anclar en un pequeño instante y detenerlo todo, es nunca querer despertar del más sublime sueño, es creerte afortunado: el ser más dichoso y pleno. Es confiarle al cielo la grandeza de lo que sientes, de pensar que todo es tan irreal, que no concebirías una vida sin un ansiado abrazo de quien amas, uno que rompa las cadenas de un corazón aprisionado, de un corazón en gris, un caparazón que ha sentido necesidad de romperse: al que el azar ha lanzado en sí una hermosa ilusión. La profunda soledad que hayas experimentado no tendría nada que hacer en los momentos en que sientas depositar todo tu amor en un alma igual a la tuya, en un ser en el que te identificas completamente.

Hoy no necesito palabras, hoy solo necesito un abrazo sin culpa, uno que me transmita tu deseo de ser libre, que no conozca de miedo ni prejuicio, pudiendo tu calor penetrar en mis fibras, quemando mis huesos, dándome un rotundo sí que me permita amar, un sí que me haga suspirar día y noche, que me haga creer nuevamente, haciendo que la noche nunca termine siendo el tiempo nuestro aliado. Que no me preguntes por heridas, que solo me sientas, tanto como yo a ti, que camines de mi lado, que me beses, me beses y me beses.

Que puedan vernos y digan: hoy ellos caminan por encima de los miedos y de los prejuicios; hoy no quieren despertar del sueño, hoy sus almas se conjugan, hoy su amor toca la más increíble y sublime melodía. Hoy esa canción de dos vidas que creyeron estar perdidas se encontraron, hoy la búsqueda se terminó.

Si supieras que eres más que una hermosa casualidad, que eres más que una fuente de felicidad, que eres más que un inmenso ser humano. Si supieras que un corazón como el mío estaría dichoso de compartir contigo toda una vida, de saciar esto que grita adentro, que en este tiempo sólo sabe cantar; que está anclado a una ilusión: a un sueño. Un corazón que no conoce de la tristeza más allá de la que trae consigo el amor. Hoy quisiera tocarte, palparte, construir un imperio de amor, bordar tu piel con amor.

Solo un poco de amor pido, solo eso he deseado. Hoy te quiero por ser quien eres, porque eres el reflejo que me devuelve a lo que soy, porque me muestra lo que amo en un ser humano, lo que puedo admirar y de lo que puedo estar orgulloso.
Yo jamás temería a caer porque estaría confiado de que tu fuerte brazo estaría ahí para socorrerme, que tu inmenso amor abarcaría y llenaría mis más increíbles expectativas, que vivirías para amarme tal como yo lo haría.

Ayúdame, decepcióname, rómpeme, hazme encontrar rápidamente con la desesperanza; quizás así sería más fácil, quizás así sería un poco más aceptable la derrota, quizás así albergaría con más ansia la opción de renunciar. Pero nunca lo harías, eres una maravilla que se deslumbra ante mis ojos, que con el mas incandescente brillo va bloqueando cada deseo, cada ansia de consumirme en ellos, de esperar en a ti, de contarte como alguien se aferra a su intuición, como alguien sintió morir al no saber cómo interpretar esa mirada que me ha hecho feliz, esa sonrisa que no dejaría campo a dudas: dos luceros que pudieran ser capaz de decírmelo todo. Quizás solo fue mi corazón disparatado y de rebeldes anhelos, como siempre. Uno que no teme de encarar al mundo, de afrontar los sentimientos como vayan brotando.

Hoy me atrapa y me aniquila la melancolía, hoy vuelven los inolvidables días en donde me sentía seguro de que cedería a este poderoso sentimiento, que me entregaría y le daría rienda suelto a lo que grita por salir y hallar correspondencia: tu sí.

La vida está llena de sorpresas, nunca sabes cuándo puede estallar la dinamita del amor, y ahí es donde no sientes tener lugar a dudas, que confías tu anhelo de ser feliz a alguien, que pretendes tocar la puerta que no siempre se abre y te deja en situación de un loco hablándole cada noche a la luna. Crece un miedo a la soledad, aun conociendo el preciado valor de la soledad y la búsqueda en ti mismo.

Así como el amor puede llegar, el amor se puede marchar, se puede alejar hasta que no puedas alcanzar a vislumbrarlo, donde solo sueñes con su regreso, donde el tiempo no sea precisamente tu mejor aliado. Allí surgen dudas que rompe el alma en pedazos; sí, la misma alma que juró ser inquebrantable, hoy se arrodilla ante el amor:

 -No naciste para arrastrarte- te dice tu más profunda razón. –"Lo que se hace por amor está más allá del bien y del mal" te dice Nietzsche. Y es increíble que la misma persona que te invita a creer en ti y a jamás rendirte, a amarte sobre todas las cosas, a superarte y a sobreponerte ante cualquier obstáculo o barrera que te aleje de tu más sublime sueño, también acepte que el amor donde llega deja estragos. Estragos en el sentido de la fuerza con que llega y la rapidez con la que muchas veces se va. ¿Quién creería en ese inexplicable sinsabor? El fuego que puede llegar a quemarte el alma, también puede congelar y puede llegar a quebrarte el corazón.

No creeré que podré estar junto a ti porque sería lacerante para este corazón que solo ha querido con una ilusión sublime, nada tan grande como para sentirse orgulloso, ni tan pequeña como para avergonzarse. Todo lo contrario, hoy soy libre, hoy cuento lo que me ha pasado ordenando palabras que vienen a mi mente en ráfagas descontroladas.

Con mucho cuidado me encargaré de soltar, de dejar ir, de renunciar, no me aferraré porque no serviría de nada.

¡ERES TAN ESPECIAL! Y con esta mezcla de resignación leo lo que escribo, lo que no quiero aceptar, pero estoy intentando recordar que tomaré un camino distinto, que no buscaré caminar junto a ti, que este corazón que anheló unirse junto al tuyo hoy le dice no a la esperanza de amar. Hoy vuelve la tranquilidad. Hoy ya no le pediré al cielo otra de esas miradas que me han alimentado el alma, hoy aceptaré la derrota como parte de la vida. Hoy te siento aun mas, hoy estoy perdiendo a la que se había convertido en mi mejor amiga: la ilusión de llegar a abrazarme, besarte, hacerte el amor, vivir para ti, crecer junto a ti, mejorar el mundo, caminar de la mano, habitar cientos de sublimes mundos que sólo la ilusión del amor podría crear.

Sólo un poco de ti era lo que necesitaba. Sólo un poco de mí es lo que necesito para renunciar, para aceptar las circunstancias como se han dado. Hoy soñé y volé. Admito que una ilusión de amar a alguien es capaz de alimentarte el alma de manera increíble, de hacerte volar sin alas, pero esa misma ilusión te destruye, te resume a polvo, te arrastra.

Ha llegado la noche y con ella la resolución: hoy debo irme, hoy te estoy diciendo adiós.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario