En un verdadero guerrero no siempre lo más admirable
y valioso es la constancia con la que va rompiendo sus propios miedos y obstáculos
y luchando de manera insaciable por lo
que quiere, sino la certeza de que lo que hace, de que tomando el camino que
persigue está siendo totalmente fiel a sí mismo, a quien realmente es, a la
esencia de su ser, a lo que quiere lograr. Debes adueñarte de la certeza que
tus pasos te recuerdan tu verdadero valor, tus añoranzas, tu íntimo impulso y
tendencia a la esperanza, de creer posible lograrlo todo o, al menos intentarlo
todo. El tributo de un luchador siempre será el luchar, el sufrir, el reír,
pero a veces debes tomar una pausa, analizar que sucede, que es lo que quiere
obstaculizar: lo que te va robando el aliento a veces inconscientemente.
Cuando cae la noche, cuando el silencio se
adueña de las calles, cuando antes de irte a descansar sientes que no te
quedarás dormido sin antes reflexionar, porque sientes que jamás es bueno
negarte a sentir, porque el conocer lo que grita en tu interior va haciéndote capaz
de lograrlo calmar. No, no eres un tonto, no eres dependiente, no lo eres. Solo
que es inevitable no sentir derrumbarse al ver en muchos ojos a tu alrededor el
brillo de un espíritu interesado, que solo va por la vida procurando sacar
provecho, que jamás reflexionarían sobre el verdadero valor de una persona, de
una compañía, de una amistad. El sentir que nunca se darán su propio valor ni se
lo darán a la persona próxima, ni a los demás. Una revolución de emociones va
conquistando esa aflicción; es duro a veces aceptar que no todo ocurre como
quisieras, que por más que intentes acallar ese mar rugiente y hambriento
pronto se liberará y explotará. Esperas el regreso de la calma, de la
determinación, de la fuerza, esa misma que se va anteponiendo ante el dolor.
Cuando duermes vas preservando tu ser, vas
haciendo tu justa pausa, vas acallando el grito masivo. Pero despiertas y te encuentras
una sociedad que cada vez se preocupa menos en mirar que alrededor hay mucha
vida por honrar, que los prejuicios nunca constituyen nada, de que la vida es
diversa y el respeto por las demás y la inclusión es realmente valiosa.
Y el pensamiento vuelve, te va quitando armonía
al pensar en que no todas las personas sienten el mismo deseo de decir sí, de
dar oportunidad a que una estrella nazca en el firmamento. No saben para qué
sirve el sentir, el luchar, el creer en sí mismo. Tu corazón está permitido a
decir no, a no conmoverse, a no darle gusto a la mala atmósfera compuesta por
personas realmente ínfimas y muchas veces vacías, que jamás piensan en los
demás, que van procurando autosatisfacción a costa de todo, a costa de nada,
pero eso no representaría nada cuando caminas al lado de quien desearías
cambiar su perspectiva, no para tu bien, sino para su bien, no por tu cielo,
sino por su cielo.
Por eso amante de la vida, nunca dejes de
pensar en amar el sol, el rocío, las verdes praderas, los hermosos amaneceres
que parecen inspirados en la más hermosa composición musical. Somos campeones.
Quemamos. La pérdida de tiempo en personas dañinas que no saben apostarle a su tesoro interior, jamás debe lograr debilitarte. Debes saber, -o ir aprendiendo-,
a desprenderte, a procurar darte el derecho de dejar a tu alrededor lo que
consideres vital en tu vida, lo que te provea felicidad y por lo que estarías
dispuesto a todo: a quemarte en una llama roja y viva. Somos guerreros, nos es
válido caer. Lo que no nos es válido es tomar excusa de la caída para quedarnos
allí, para parar el rumbo acelerado en el que corren los sueños que no saben de
dolor, ni de divisiones, ni de limitaciones.
Sin
ti estás muerto. Por eso procura amarte, aceptarte, aprender a ser un
alma delirante y libre: una noche completa de deseos; y a caminar acorde a tu más íntimo deseo, a
saber esconderte y reírte por fin del miedo, y a encarar la luna: abrázala, recórrela.
Que la locura de amarla sea tu mejor secreto.
Sé un amanecer, que con su poder va
desechando la oscuridad pasada de una noche de dolor, de una noche
desafortunada, y va abriéndole paso a la luz, a la infinita luz, a la locura de
amar el firmamento azul y vivo, que te recuerda que andas sin miedo a confesar
lo que has sido, que eres consciente de que sabes que eras sólo una víctima del
miedo que te asechaba, que temiste a cantarle a la libertad, que no te
atreviste a mostrarte como realmente eres, que hoy estas dispuesto a llegar a
ser el cielo que representas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario